Wednesday, April 27, 2005

¿Amar y perder?

Nunca queremos ser el que más ama. Se trata de una simple ecuación económica: El que más ama, más arriesga y el que más arriesga, más posibilidades tiene de perder, en este caso sin garantías y sin una rentabilidad medianamente asegurada. ¿Por qué invertir, entonces?

Invertimos porque amar nos hace mejores ante nuestros ojos y nos da la esperanza de a la vez poder hacernos mejores ante la mirada del otro, de ese otro en particular. Amamos para poder superarnos a nosotros mismos y experimentarnos en la versión más elevada que conocemos de nuestra persona. A la vez, amamos también porque es embriagador, adictivo... Como el juego de azar, que al final es siempre riesgo.

Entonces, las otras preguntas: ¿Por qué nos da miedo el riesgo? ¿Qué perderíamos si perdiéramos en el amor? ¿Es acaso posible perder en el amor?

Estas son grandes preguntas, y me voy a dar un ensayo de respuestas: Nos da miedo el riesgo por lo mismo que nos da miedo todo lo demás, porque no tenemos control. Si nos perdemos en el perfume del otro y nos ahogamos en su saliva, estamos eso, perdidos y ahogados (y felices).

Si perdemos en el amor.... ¿Qué perdemos? A veces perdemos apegos viejos, imagenes prefabricadas de nosotros mismos, ideas falsas del otro, de ese otro, perdemos la competencia de quién es más independiente en su incompletitud que el otro. Lo acepto. Pero en realidad, no creo que perdemos nada realmente real (valga la redundancia), ni nada que valga la pena conservar, porque muchas veces son sólo malas costumbres de nuestras debilidades.

Yo creo que al final el amor que creemos dar al otro en realidad lo damos a nosotros mismos, de la misma forma en que nos damos todo lo demás que experimentamos. Abrimos la puerta y dejamos que por nosotros fluya, pensamos que lo entregamos en el beso, pero sigue revolviéndose dulcemente dentro de nosotros, como un pequeño remolino callado, en ocasiones ruidoso y violento.

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