Monday, May 09, 2005

Never again is what you swore the time before

Además de que no tenemos un script para vivir, los escenarios en que debemos explayar este "performance" que es nuestra vida, cambian constantemente. No hay momento de descanso ni de permamencia. Todo es un contínuo fluir. La única herramienta que tenemos es nuestra capacidad de adaptación a lo nuevo y nuestra única opción es resignarnos a que ni siquiera esa nueva conquista, ese nuevo comenzar, ese stage en el que actuamos momentáneamente, va a permanecer. Es como si constantemente estuviesemos saltando en el aire porque continuamente nos quitan la alfombra debajo de los pies, sin previo aviso.

Personalmente, nunca he sido famosa por mi capacidad de adaptación, ni por mi flexibilidad, ni por "fluir" con las cosas. Sin embargo, mientras más avanzo en esta imaginaria línea curva que es la auto-percepción de mi existencia, más me doy cuenta de lo expuestos que estamos, que estoy, a que nada quede, a que todo explote y haya que recoger, irse y "dizque" asentarse en otro lado a esperar la nueva explosión de todo lo que creemos ilusoriamente que estará allí.

Esta especie de realización ha sido para mí un arma de dos filos. Por un lado me produce una sensación vertiginosa de salto al vacío... ¿Qué es eso de que nada permanece..? ¿Cómo se vive con eso? ¿Cómo vamos a llegar a alguna parte si ese lugar de destino también es un espejismo..? Pero, por otra parte, es a la vez un argumento liberador: Si nada es permanente, ni absoluto, ni real, ni eterno... Cada momento es un momento de creerme libre, de crear en libertad. De flotar en las circunstancias, de escabullirme por la puerta trasera cuando llegue la melancolía y abrazar ese momento ilusorio de escape que llamamos el ahora. Ese ahora que a la larga tampoco poseemos.

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