Va y viene.
Su brújula: la distancia que la separa de la luz. Vuela en arrebatos, se va. Si llega a algún sitio, no se sabe. Aún no se ha posado en una boca entreabierta y húmeda, que ha estado imaginando frenética y dulce; perversa y loca.
Vagabunda, busca el norte. Se guía por puro instinto y acechar la alucina. Le marea este ir más allá, este estar acá. Se pierde. A fuego lento va y viene sobre mares de oscura profundidad. Zigzaguea la sonrisa en el aire, flotan miles de sabores. Vuela alrededor de la camisa abierta, sobre los ojos gigantescos, sobre la punta de la lanza. Se imagina reposando en el cuello, e invita con descaro esas manos fuertes… Invita juguetona la pregunta retadora.
En eso, inclinándose de cuerpo entero en el mostrador del bar, El le preguntó con absoluta indecencia: “¿Porqué viniste?”
(Insertar aquí aleteo de chispas).
No dijo más nada.
Pero para ella el mundo era un hueco efervescente de realidad brillante. ¿La luz? No lo sabe. Sólo sabe que esa pregunta tiene, en este universo inmensurable, una única respuesta.
Friday, February 10, 2006
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