Friday, May 12, 2006

Hacia una Conciencia de Paz


La primera vez que supe de AFS fue en un anuncio que vi en la prensa que decía “AFS: La aventura dura un año; la experiencia, toda la vida”. Comprendí la precisión de esas palabras algún tiempo después de regresar de Bélgica Francesa, lugar donde tuve la oportunidad de vivir mi año de intercambio. Dicen con razón muchos ex-participantes que cada experiencia es distinta, que cada cual cuenta como le fue en la feria y que parte importante si no esencial de dicha experiencia es la flexibilidad que se tenga en el marco de las expectativas y la dosis de amor que le aportemos. No podría estar más de acuerdo. Los aventureros embajadores llenan sus maletas de expectativas algún verano antes de partir y regresan con ellas rebosadas hasta la tapa de experiencias, de historias, de recuerdos. Más aún, regresan con un tesoro guardado en el corazón, a veces pintado en la frente, un tesoro que no parece agotarse y que al pasar de los años comienza a ganar intereses y a adquirir otros valores. El recuerdo de lo aprendido sigue tomando matices más profundos, más claros, más delineados, hasta el punto en que vemos cómo un año de intercambio cultural ha llegado a ser determinante en nuestra formación como seres humanos y como parte de un engranaje mucho más grande al que estamos ligados: El Mundo.

Ahora más que nunca antes, las realidades de los países se vuelven realidades mundiales. Por eso, mucho se habla últimamente de la importancia del conocimiento de otras culturas y otras costumbres, en regiones, bloques y países que no pueden darse el lujo de existir aislados de las economías y las políticas de los otros. Ni como países, ni como comunidades, ni como individuos podemos ignorar las realidades de los demás porque estaríamos ignorando parte de la nuestra. Surge, entonces, la necesidad de un replanteamiento ético de la realidad y de lo que potencialmente estas realidades podrían llegar a convertirse. Es necesario también que nos cuestionemos acerca de nuestra responsabilidad común, esa responsabilidad que tenemos unos y otros frente a situaciones que nos afectan, es necesario hurgar un poco o mucho en la ración de solución que nos pertenece como individuos y como país... Como parte del mundo.

A falta de sistemas morales comunes, uniformes y universalmente aceptados, la tolerancia ante la diferencia, la flexibilidad, el entendimiento y la búsqueda de territorios compartidos en el campo de las ideas se han hecho requisitos indispensables ante un mundo que tiene de frente el reto de renovarse y de re-inventarse. No es posible evadir la pregunta, ¿Cómo iniciar entonces, este importante proceso de cambio?

Los grandes cambios comienzan con la toma de conciencia. Los cambios comienzan cuando nos planteamos diversas opciones para mejorar nuestras realidades, para vivir mejor. El progreso se inicia cuando nos hacemos concientes de una necesidad y nos hacemos concientes además de las necesidades ajenas y de cómo unas y otras se entretejen y se afectan. Tomar conciencia, entender, asimilar, es la clave para empezar a resolver y a progresar. Intentar hacerlo de otro modo es como tirar un dardo al blanco con los ojos vendados. Una vez entendemos, hemos dado un gran paso. El entendimiento lleva a la tolerancia y la tolerancia facilita el acuerdo. Del acuerdo surgen los cambios. De ahí la importancia ahora más que nunca de los intercambios culturales, los cuales, sin lugar a dudas, provocan el entendimiento entre individuos. En el caso particular de la AFS el fin máximo es la consecución de la paz a nivel mundial, una paz que comienza en la mente de cada persona. No hay mejor manera que buscar la paz en el entendimiento, viviéndolo en carne propia e integrándolo a nuestras vidas. Como decía Confusio “Lo veo, lo recuerdo; lo hago, lo entiendo”. Haciendo entendemos. Fomentando los intercambios culturales hacemos la paz. Esta ganancia de conciencia a través del intercambio cultural nos hace individuos más plenos, nos ayuda a desarrollar una sensibilidad global, un sentido de pertenencia.
Descubramos las factores universales que tácitamente nos unen, muchos más de las que en el campo de lo obvio nos desunen; exploremos nuestra individualidad y encontremos partículas de totalidad y globalidad en ella. Inventemos un ideal de bienestar común, donde haya espacio para la diversidad, donde el límite sea el respeto al otro, la tolerancia al derecho a ser diferente del otro. Insertemos en nuestro ideal también una pizca de auto-evaluación y muchos deseos de cooperación, vamos a tomarnos de las manos y caminar hacia ese lugar. No perdamos nunca la esperanza. Miremos siempre hacia adelante. A esto nos invita la experiencia de Intercambio cultural de AFS, pues estoy convencida que con cada experiencia de intercambio en la que participamos, cruzamos un puente que nos acerca, y vamos depositando nuestro grano de arena en esa montaña de sueños de paz que todos hemos tenido alguna vez.

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